Listo, fotografío y tacho

//Listo, fotografío y tacho

Listo, fotografío y tacho

El otro día leí (recordé) que Walker Evans amaba escribir listas. Y hay un libro muy interesante en donde se trancriben varias de ellas. August Sander, contemporáneo de Evans hacía listas también. Pero no eran tan ingeniosas como las del norteamericano.

La claridad y la seriabilidad (¿así se dice?) eran las cualidades principales en las que la fotografía documental se establecía como género independiente, no solo de las artes visuales en general, si no incluso de la mísma fotografía artística más original de los años 20/30. Los fotógrafos de California (Weston, Adams, Van Dyke) aborrecían de la escuela oficial que glorificaba al pictorialismo. Y aún así no entraban en el rígido esquema de pensamiento de los «super modernos» que sabían que sus fotos se completaban con la acción del sujeto (aunque fuera una cosa) y cristalizaban como arte puro solo al entrar en contacto con el público.

Y a Evans, después de todo, nada le importaba demasiado. Su detachment solo se rendía ante un par de zapatos ingleses a medida, un buen corte de Tweed, o la irresistible tentación de hacer una lista.

Cuando yo tenía cuatro, tal vez cinco años. Todavía no había empezado la escuela y ya juntaba papelitos por el suelo. Los apilaba con un clip y garabateaba listas de «las cosas que tengo que hacer». Soñaba que tal vez, algún día cuando fuera grande, tendría una agenda repleta de números de teléfono y de direcciones. Un mundo a mi alcance.

Sin saberlo empezaba a trabajar con mentalidad de fotógrafo como hacía Sander, Evans, y muchos de la FSA.  Listo, fotografío y tacho. Asi se hace un proyecto. La idea de proyecto nace como necesidad de darle un nombre a esas listas de fotógrafos. Y eso fue por los años 30. Ahora, encuentro que muchos fotógrafos tienen la mísma tendencia. Alec Soth, Thomas Locke, Martín Roemers, Milagros de la Torre, (por citar experiencias diversas, tendencias diferentes, etc) son exponentes internacionales de esta vuelta de tuerca al documentalismo más clásico, puro y fundamentalista.

De más grande empecé a juntar hojas de cuaderno. Pero me gustaban más las que encontraba tiradas entre los bancos del aula que las que podía arrancar de mi propio cuaderno. No sé bien el por qué de esta preferencia. Allí seguía anotando mis listas, y tenía una agenda, pero todavía estaba vacía.

Este martes inauguro MALA MEMORIA en la fotogalería del Teatro San Martín. Gracias a la generosa participación de Juan Travnik (este año), y de Julieta Escardó (desde hace más de cuatro), es posible que las pocas fotos que les muestre no sean demasiado decepcionantes.

Las imágenes que verán son el fruto de incontables listas que hice durante mi vida y que de alguna manera se fueron cristalizando en fotos sueltas. Exponerlas es como mostrarles mi lista, resumen caprichoso e  inexplicable de miles de otras listas y tachaduras, papeles casi olvidados que llegan hasta hoy y tengo miedo de perder.

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By | 2013-02-28T12:54:26+00:00 febrero 28th, 2013|Mala Memoria|1 Comment

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One Comment

  1. Polly 4 marzo 2013 at 22:19

    Allí estaré! 😀

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