Del album familiar al libro de la intimidad

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Del album familiar al libro de la intimidad

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¿Cuántas clases de álbum de fotos familiares conocemos? Si se lo preguntamos a alguien de veinticinco años seguramente lo pondremos en un aprieto, pero una persona de cincuenta o más podrá recordar varios de una serie:

. El álbum clásico, horizontal de tapas duras de tela con hojas de cartulina y separadores de papel vegetal. Las hojas con dos o tres agujeros y todo unido por un cordel trenzado. Las fotos no estaban pegadas sino sostenidas con esquineros.

. El álbum de bautismo. Era un tipo de álbum parecido al anterior, pero de cubiertas blancas con filetes dorados (en alusión a la pureza del recién nacido) y tenía una fecha de terminación que coincidía con la edad de la primera comunión, de la confirmación o el comienzo de la escuela. Este álbum era más amplio en sus contenidos; estaba prediseñado y tenía capítulos como: “Los primeros pasos”, “El primer diente de leche” o “La primera pataleta” . Lo interesante era que incluía no solo fotos sino también la palabra escrita, e incluso objetos: la tarjeta de identificación de la maternidad, el mechón de pelo, los primeros dibujos . Todos estos elementos tenían la finalidad de reforzar el testimonio y revivir los momentos importantes más intensamente. Era un golpe directo a la emoción.

. El álbum temático: la primera comunión (en otras creencias tendría características similares), el casamiento, las fotos escolares, el viaje de luna de miel, el primer hijo, los nietos, el 50 aniversario de casados.

. El álbum de viajes. era un recuento hecho con todas las fotos a disposición después del viaje largamente preparado, e incluía algún tipo de narración visual más allá del orden cronológico.

e5.jpgExistían además varios tipos diferentes de álbumes en casi todas las familias y hoy se siguen haciendo con algunas intermitencias. Estos álbumes estaban al cuidado de las mujeres principalmente. Es un clásico hablar del álbum de la abuela (el término “abuela”, de aquí en adelante significará aquella persona que sea la depositaria de las imágenes o de los objetos del recuerdo familiar), tanto como pensar en la colección de estampillas del abuelo. Nadie piensa en el álbum de fotos del abuelo. Las mujeres siempre fueron las que se ocuparon, en sus diversos formatos, del inicio, conservación, desarrollo, censura, y transmisión a las generaciones venideras del tesoro de las imágenes familiares. Hay que destacar que los álbumes no permanecían inalterables con el paso del tiempo. Naturalmente se iban agregando fotos, pero también se quitaban otras por las más diversas razones. Bastaba que alguien dejara de pertenecer a la familia, o haber protagonizado un hecho vergonzante, para ser eliminado sin miramientos , incluso era habitual quitar al personaje indeseable recortándolo directamente de las fotos donde aparecía y dejando el resto de la parentela que seguía sonriendo, inmutable, abrazando un agujero negro en medio del grupo.

La otra gran transformación del álbum familiar sobrevenía con la muerte de su custodio (la abuela). Si la muerte era repentina, los hijos y hasta los nietos se apropiaban cada uno de lo suyo sin considerar la mutilación irreparable. Pero si el custodio del álbum tenía tiempo de tomar una decisión antes de su anunciado fallecimiento, comenzaba a repartir a cada uno sus fotos más preciadas, destruyendo al final de su vida lo que tanto tiempo y paciencia le había costado acumular. Si el álbum tenía la suerte de sobrevivir a su custodio (y en algunos casos verdugo) uno de sus posibles destinos era terminar sus dias en el canasto de fotos de algún mercado de pulgas y ser comprado por un aficionado por unas pocas monedas, pero ya sin el testimonio de la abuela-custodio que con su relato garantizaba la veracidad de los hechos retratados.

Una estadística dice que cuando los rollos de película dominaban el mundo de la fotografía familiar, las mujeres tomaban casi dos tercios de todas las fotos y encargaban la mayoría de las impresiones (1).

Esta relación cambió drásticamente con el advenimiento de la fotografía digital. Las fotos empezaron a pasar paulatinamente al dominio del varón que por su mayor control de la tecnología produce más fotos y las almacena en la computadora. Pero la mujer sigue deseando no solo obtener las imágenes sino también conservarlas y mostrarlas, aunque más no sea pegadas en la puerta de la heladera.

Lo que siempre prevalece es la necesidad de mostrar las fotos familiares al entorno más cercano e incluso más allá de ese entorno, independientemente de si ese rol es asumido con mayor dedicación por las mujeres que por los hombres. Pero la cualidad principal del álbum familiar sigue siendo su carácter documental. Las fotos, o las diferentes secuencias de fotos que vemos en él siempre tienen la intención de testimoniar una porción de la realidad. Todas las alteraciones de diseño producidas por efecto del paso del tiempo, intervenciones de terceros, alteraciones cronológicas, diversidad de autores y soportes, mutilaciones producidas en el tránsito de una generación a otra de custodios, etc., están subordinadas al objetivo primordial de conservar y comunicar la historia familiar, o las diversas versiones de la historia familiar, en el transcurso del tiempo

El album familiar y la tecnología
Podemos decir que el album familiar sigue existiendo más o menos con las mismas características que aquellos del pasado aunque su apariencia haya cambiado y la tecnología que tenemos a disposición para diseñarlo y comunicarlo sea mucho más desarrollada.

En un punto se produce un progreso desigual: los contenidos son los mismos, pero las posibilidades estéticas y técnicas son infinitamente mayores.

Hay que considerar que con la aparición de los fotologs, el album familiar sufre una transformación extraordinaria, y sin profundizar en el tema, se puede afirmar que el fotolog es más un instrumento de acumulación y clasificación de imágenes a una escala formidable que un medio narrativo como lo es el album familiar. Esta característica relaciona más a los fotologs con los grandes bancos de imágenes profesionales (Corbis, Getty, etc) cuya esencia es la de proveer imágenes clasificadas y fragmentadas cuyos contenidos serán asimilados, transformados o directamente cambiados por el consumidor. Pero estamos en los inicios del desarrollo de esta herramienta y es muy posible que en el futuro, pasada la adicción incontrolable a “subir” fotos constantemente, podamos procesar y comunicar lo que tengamos para contar con un poco más de elaboración, como por ejemplo hace el fotógrafo Gerardo Delloro

Una botella con un mensaje tirada al mar
Y aunque actualmente ya podemos compartir nuestro álbum digital con las visitas o mandarlo enterito via internet a otra ciudad para que nuestros familiares vean los progresos del nene al cumplir su primer año, y teniendo en cuenta que el porcentaje de la población que tiene computadora y hace uso regular de la Internet es todavía muy bajo, encontramos tres factores que siguen distinguiendo al álbum tradicional del digital y que son vitales para el verdadero “contenido histórico” de todo álbum: 1) Su carácter documental, 2) Las copias en papel y 3) La existencia física del objeto álbum.

Estas cualidades tan analógicas también se pueden valer de los grandes avances tecnológicos, y aquí irrumpe nuevamente la mujer y su inclaudicable necesidad de transmitir la historia familiar. Porque ahora, y gracias a la atenta observación del mercado por parte de la industria, ya podemos “sentar” nuestra cámara digital sobre una impresora que en pocos minutos nos escupirá sin contemplación todas las fotos tomadas, con una calidad de color más que aceptable y en un tamaño de 10×15 centímetros, ideal para el álbum. Para esta tarea no se necesita entrenamiento tecnológico alguno.

Además, si queremos que nuestro álbum sea cuadrado o rectangular, y que las hojas no sean negras sino perladas o grises o texturadas, no hay más que entrar a un sitio en internet que nos permite acceder a varios diseños diferentes, realizar nuestra propia “puesta en página”, escribir los textos, elegir tapas enteladas o de cuero, con foto, sin foto, con títulos o sin ellos. Luego hacer un doble click, previo ingreso del número de nuestra tarjeta de crédito, y tendremos en pocas semanas a vuelta de correo postal, un álbum de confección profesional en nuestra mesa de café.

Entonces nos encontramos ante un punto histórico de inflexión en la evolución del álbum familiar: la posibilidad al alcance de cualquiera de que nuestro recuerdo fotográfico adquiera las condiciones técnicas que se atribuyen desde siempre al objeto libro.

Hasta el momento, el álbum y el libro de fotos habían recorrido caminos paralelos sino absolutamente opuestos. Mientras que el álbum es un producto de la intimidad y su desarrollo narrativo es muy primario, el libro fotográfico casi siempre es la visión integral de un autor, aunque éste no sea siempre quien ha tomado las fotografías. El álbum familiar no tiene como objetivo su difusión masiva mientras que el libro, por su factura industrial (aunque ésta sea casi artesanal), tiene la clara intención de ser distribuido y comunicado a un grupo pequeño o grande de lectores anónimos.

Podemos volver entonces al fenómeno del fotolog y los álbumes virtuales. En ellos las fotos pueden ser vistas por cualquier persona aunque no esté ligada a nuestra historia familiar. Es más, podemos recibir un comentario de alguien desconocido sobre la foto que documenta el inicio escolar de nuestro hijo o acontecimientos más íntimos aún. Nuestros hijos adolescentes ya tienen sus propios fotologs e intercambian imágenes con sus amigos que seguramente no llegarán nunca a conocimiento del núcleo familiar.

Qué pensaría la abuela de esta posibilidad de comunicar los recuerdos más personales a miles y miles de observadores anónimos?

El libro de la intimidad
“Los nuevos medios de comunicación multiplican tanto las posibilidades de relación con el exterior que pueden producir una especie de vértigo y, quizá, de soledad. …Las nuevas tecnologías de comunicación, en cuanto medios, son algo extraordinario que multiplica las posibilidades. Ahora bien, por su éxito y por los modos que toman en la sociedad de consumo, puede ocurrir que los medios se conviertan en un fin en sí, bajo diferentes aspectos. Pienso que no hay que perder de vista que los medios de comunicación son medios y que las imágenes son imágenes. Pero como vivimos en un mundo donde la realidad está repleta de imágenes, podemos dudar acerca de cuál es el nivel de realidad exacta” (2)

La cita de Marc Augé es clara: ya no estamos tan seguros de que lo que vemos en los medios sea cierto. Y son tantas las imágenes para ver, y tan poco el tiempo para dedicarles que la confusión se adueña de la situación. En el entorno familiar, la circulación de imágenes de los seres queridos es restringida y siempre está validada porque conocemos directamente o tenemos referencias ciertas de quién presenció el hecho retratado. En consecuencia, el álbum familiar, en su definición más amplia, es uno de los medios de comunicación de la realidad cotidiana del círculo íntimo más veraz, ajeno todavía a las influencias del mercado de imágenes profesionales.

Teniendo en cuenta los inmensos avances tecnólgicos antes mencionados, ¿qué pasaría si existiera más de un ejemplar del mismo álbum familiar? Sì, ese que se disputan los hermanos, los hijos y hasta los nietos cuando la abuela se va para siempre. Tal vez no se llegaría al punto de su fragmentación o pérdida total y el álbum podría pasar de generación en generación, y en todas las direcciones que éstas tomen, siguiendo un hilo histórico reconocible aún para quienes en el futuro esa abuela no sea más que una cara entre muchas de las que componen la historia familiar.

Si la tecnología nos permite este prodigio, podríamos decir que estamos en los umbrales de lo que llamaremos “el libro de la intimidad”. Nos preguntaremos entonces cuáles son las condiciones que debería reunir el álbum para convertirse en un libro. El álbum de fotos era tradicionalmente una acumulación de acontecimientos importantes para el entorno familiar. Las celebraciones, las casas, los autos, los viajes y, por supuesto, el seguimiento cronológico del crecimiento de los chicos. Con la segunda gran masificación de la fotografía en la era digital, todos en la casa toman sus propias fotos y como ya vimos no todas van a parar al mismo álbum si acaso éste existe todavía. Pero lo cierto es que en cuanto a la producción de fotos como materia prima para el álbum-libro, ahora no solamente fotografiamos los acontecimientos importantes; casi todo a nuestro alcance es digno de fotografiar: la mesa de luz, la disposición de los muebles, la oficina, el cuarto desordenado de los adolescentes, la intimidad de los padres vista por los hijos, los platos después de la cena, la ropa secándose al sol. En un libro de fotos, cada imagen no necesariamente se sostiene por sí misma, y en todo caso todas están subordinadas a un relato que las abarca y amalgama.
La posibilidad de armar un relato con las fotos tradicionales al álbum y con aquellas que se incorporan al imaginario familiar pero que han encontrado su lugar circunstancial en los fotologs o en una carpeta olvidada en la computadora, crea las condiciones para un nuevo tipo de libro de fotos.

Nos falta “la abuela”, nos falta el autor. Un libro de fotos, como cualquier otro libro puede ser un relato, una antologia, un ensayo, una ficción! Le caben todas las posibilidades.

Dice el crítico de fotografía Ralph Prins: “El libro de fotos es una forma autónoma de arte, comparable con una pieza de escultura, una obra de teatro o una película. Las imágenes pierden su intrínseco carácter fotográfico como cosas “en sí mismas” y se convierten en partes, trasladadas a la tinta impresa, de un evento dramático llamado libro” (3)

En el caso del álbum-libro de fotos familiares, o el “libro de la intimidad”, el autor puede ser “la abuela” o quien ocupe ese lugar de recopilador y custodio, o tratarse de una obra colectiva y aún asi, constituirse en un mensaje articulado y autosuficiente: un objeto en el que encontramos una historia .

Desde el mundo editorial nos llegan ejemplos bien claros de estos “libros de la intimidad”:
“La balada de la dependencia sexual”, de Nan Goldin; “María” de Lee Friedlander; “Nosotros y Ellos de Helmut Newton y Alice Spring, Bug de Wolfang Tillmans; por solo citar autores extranjeros y famosos.

Si nos orientamos hacia el ambiente de la fotografía local, cada año vemos durante la Feria de Libros de Autor del Espacio Ecléctico una cantidad enorme de libros de fotos que están a mitad de camino entre el álbum familiar y el objeto libro, muchos se quedan solo en las intenciones pero algunos de ellos llegan a alcanzar el requisito último que un álbum familiar necesita cumplir para convertirse definitivamente en un libro: lograr trascender lo subjetivo y resultar interesante a los ojos del otro.

Tal vez “el libro de la intimidad” sea en el futuro la expresión más acorde con la naturaleza democrática y masiva de la fotografía y se constituya en registro veraz de la evolución de nuestra sociedad, en un mundo dónde las imágenes están en todas partes, pero cada vez son menos importantes.

Daniel Merle
(1) William Bulkeley, The Wall Street Journal, 6 de julio de 2005
(2) Marc Augé. Entrevistado por Patricio Arana. La Nación, 22 de junio de 2005.
(3) Ralph Prins, crítico de fotografía. The Photobook, A History. Volumen I.Martin Parr and Gerry Badger

foto: gentileza Victoria Quintiero

By | 2013-04-30T18:35:58+00:00 abril 8th, 2013|Fotografos, General, Taller|Comentarios desactivados en Del album familiar al libro de la intimidad

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