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Autores Invitados / ANDREA KNIGHT
 
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Andrea Knight lleva más de una década fotografiando a sus hijos Maite y Luca.



Como un goteo imperceptible, escondido, tenue, silencioso. Como granitos de arena que van y vuelven del reloj del tiempo. Acumulando momentos cotidianos de grandes simplezas. Cristalizando su maternidad sensual, tibia, fría. Knight traspasa cuerpos y almas. Sus fotos han surcado a todo quien se ha parado frente a ellas. Evitando el predecible lugar de la anécdota, recorre recovecos inéditos. Maternidad, oscuridad, claridad, infancia y existencia disparan preguntas hacia el espectador, dejándolo en el incómodo lugar de recorrerse, indagarse o escabullirse. Paseo subterráneo que desnuda. Extracto de esencia. Piedra fundacional. Mirada infinita.



Gabriela Rojas, fotógrafa. Agosto de 2004



Niña de pura y apacible frente

y de asombrados ojos soñadores,

aunque el tiempo es veloz y una del otro

estemos separados la mitad de una vida,

tu adorable sonrisa acogerá, gozosa,

el presente amoroso de mi cuento.

Yo no veo tu rostro deslumbrante,

ya no oigo tu sonrisa plateada:

no habrá lugar para un recuerdo mío

en años juveniles que se te avecinan.

Me basta con que ahora no te niegues

a escuchar este cuento.

Un cuento empezado en otros días,

Cuando el sol del verano refulgía

Y un simple carillón acompasaba el

ritmo de lo remos cuyos ecos perduran

en mi mente aunque el tiempo,

envidioso, diga í¢â‚¬Å"olvidaí¢â‚¬?.



Ven, pues, escucha, antes de que la

voz de un sueño, presagio de amargas

ataduras, te reclame al malamado

lecho, doncella melancólica.

Querida, somos niños mayores, también

tenemos miedo a que llegue la noche.

Fuera la escarcha, la nieve cegadora,

la locura del viento de tormenta.

Dentro, el destello rojo del fuego en el

hogar y el nido de alegría de los años de niño.



 Estas palabras mágicas cautivarán tu alma;

no escucharas el huracán, violento.

Y aunque, quizás, la sombra de un suspiro

atraviese el relato, temblorosa, por los

felices días del verano idos y el esplendor

perdido del estío, no empañara un aliento

de amargura el placer de este cuento.



LEWIS CARROLL,

A través del espejo
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