Comenzando por el principio

La entrada a una exposición es una tema en sí mismo. Como toda narración, un buen comienzo determina en gran medida que el visitante continúe o abandone el recorrido, más aún cuando en el espacio de exposición conviven varias muestras.
¿Pero es suficiente que la entrada sólo llame la atención? ¿Qué debe comunicar? La entrada debería ser también coherente con el conjunto de lo expuesto, mantener el tono y el estilo general de la puesta pero en un nivel mucho más persuasivo.

Las opciones de diseño fueron variando conforme al espíritu y desarrollo de las muestras. Las elementales composiciones de título con sencilla tipografía y foto, evolucionaron hacia espacios con mayor impacto y complejidad. En la actualidad, la tipografía, la iluminación, el color y el espacio se emplean con criterios más cercanos a una puesta en escena.


Es evidente que en la entrada no puede faltar el nombre de la muestra. Aunque no siempre una letra de cuerpo grande es sinónimo de alta visibilidad. En el ejemplo de Idea and object, el tamaño del título es pequeño, pero tiene el contraste de color y la tipografía adecuada que lo recorta del resto de los grafismos, permitiendo que se lea rápidamente.

En la entrada conviven varios niveles de información. En una primera instancia, el visitante debe reconocer el tipo de exposición y su tema. Otros niveles están destinados a la introducción, autores, auspicios y datos adicionales.

.
Los textos introductorios necesitan de un espacio pensado para que el público pueda detenerse a leerlos sin obstaculizar la entrada. Además, las condiciones de lectura sobre una pared distan de ser las ideales. El ejemplo de Sonar Mática señala que una redacción extensa desalienta al más interesado. Como en todo comienzo, la entrada a una muestra es punto de partida y de alguna manera anticipo de cómo será el viaje.



