Cata está indignada. Estos últimos dias se la pasó llorando, pero no con la cabeza envuelta en una toalla, no. Lloraba desconsolada sobre la pantalla de su compu al ver cómo su foto “Derecho a Higiene” (¿es un retrato? :)) que ven aquí arriba, había sido vilmente plagiada en el mismo Flickr donde ella se cuida tanto de no pasarse de la carga de 200 fotos gratis!
Me hace acordar al SimulCop. ¿Alquien sabe lo que es? Pues el SimulCop era un librito lleno de ilustraciones (de lo más pedorras, la verdad) que estaban impresas con una tinta especial sobre papel transparente. Si uno apoyaba esa hoja sobre otra y frotaba con un lapiz, la imagen se transfería al querido cuaderno de los deberes. Buehh… en fin, se obtenía un dibujito pedorro, fiel copia de otro no menos pedorro.
A la izquierda pueden ver la foto de Catalina (que no tiene nada de pedorra) junto a la vil imitación. Qué no es una imitación sino un plagio! Ya el amigo Aristóteles había dicho que la naturaleza es imposible de imitar. Claro que él no podía saber que la fotografía iba a engañar a generaciones enteras haciéndonos creer que por medio de la combinación de fenómenos ópticos y químicos la toalla de Cata era la toalla de Cata, y no esa toalla borravino mal enarbolada en la cabeza. Y vaya uno a saber qué cabeza hay debajo de ese trapo!
Mientras tanto, en Flickr ya se pueden ver los mensajes solidarios con Cata y su original toallón. Pero a no confundirse amigos! Plagio e imitación no es lo mismo. Atribuirse la imaginación de otros es casi un crimen, pero es tonto y superficial, inofensivo diría. Por que no atiende a las verdaderas razones del creador, si no tan solo al aspecto exterior de su obra. Solamente lo genuinamente auténtico tiene el poder de emocionarnos.
Thomas Struth se dedica desde hace tiempo a retratar la relación del público con las obras de arte en museos de todo el mundo, en fotografías de gran formato. Más allá del interés que despierte su obra, el atractivo de la última exposición en el Museo del Prado, no fueron sólo sus fotografías sino el complejo juego de sentido que propuso la puesta.
La muestra, Making Time, compartió sala con la colección permanente del museo, una de las más representativas del arte clásico. Struth, es el primer artista vivo que expone en el Prado y éste es más que un indicio del definitivo ingreso de la fotografía al circuito del arte. Las pinturas de los clásicos y las fotos componen una instalación, donde, el visitante confronta los cuadros originales y su representación en las fotografías, constituyéndose a la vez, en público y personaje. Juego de espejos, insólitos diálogos entre el pasado y el presente, cita precisa a la complejidad barroca de la obra de Velázquez. Por Victoria Quintiero, el 14 de agosto de 2007
¿Qué puede esperarse de una muestra de mil fotografías?. Mil fotos…! Me voy a pasar el día entero y seguro que me duermo de aburrimiento antes de llegar a la número cien. Mejor sería leer mil palabras. Son dos carillas nomás. ¿Cuánto espacio pueden ocupar mil fotos?
La curiosidad pudo más y me fui con Miwa, de Dashwood Bookstore, hasta la galería David Zwirner en Chelsea. Un espacio muy amplio, blanco, con doble fuente de iluminación. Silencio, mucho silencio. Y uno empieza a ver las fotitos polaroid de diCorcia de izquierda a derecha. Es gracioso, por que el centro del salón podrían utilizarlo para otro evento. En cuanto empieza la “lectura” los visitantes se quedan prendidos a no menos de veinte centímetros de las fotos. Y ya no hay otra cosa para ver que seguir la cautivante secuencia de las imágenes.
Las polaroids siempre son atractivas, invitan a acercarse, el color es extraño. Pero en estas fotos se puede ver lo que habitualmente no se ve del trabajo de un fotógrafo como diCorcia. Muestra la cocina de sus mejores libros y muestras, pero alternada con su vida personal, sus hijos, su ex mujer, sus padres. Un album de familia en una sola línea,. Pero llena de sorpresas! Imágenes que se reiteran sutilmente alteradas, paisajes vistos como desde la ventanilla de un tren. La cronología no existe en este relato. Más que una muestra de fotos, este trabajo es una novela de no ficción. Escrita con testimonios visuales palpables. Una tarea imposible para un escritor. Di Corcia reinventa el género, escribe un líbro de mil páginas sin tapas, sin lomo, sin palabras.
“Nada es original. Robá de dónde sea que encuentres inspiración o alimente tu imaginación. Devorá viejas películas, nuevas películas, música, libros, pinturas, fotografías, poemas, sueños, afiches callejeros, árboles, nubes, agua, luz y sombras. Robá solamente aquellas cosas que le hablen directo a tu corazón. Si hacés esto, tu trabajo (y tu robo) será auténtico.
La autenticidad es invalorable; la originalidad no existe. Y no te preocupes en ocultar tu robo. Celebralo si te gusta!. En todo caso, siempre recordá lo que Jean - Luc Godard decía: ” No es de dónde tomamos las cosas. Lo que importa es hacia dónde las llevamos”