¿Hago fotos, o veo fotos?. ¿Vivo la vida, o veo la vida?
Lo que mi diagnóstico dice es: “alarmante desmotivación”. Si, si. Lo pude comprobar estas últimas dos semanitas que estuve de vacaciones en Uruguay (click aquí). Fueron unas vacaciones atípicas, aunque el contexto fuera de lo más convencional. Llevé lectura, si. Llevé libros de fotos, si. Llevé una cámara digital pequeña, también. Llevé además mi adorada Rolleiflex y diez rollitos de diapos. Hasta tripode llevé. Mi hija Lucia, que es un amor de hija y una aguerrida fotógrafa de prensa (click aquí), me acompañó en uno de mis paseos preferidos: fotografiar fachadas de negocios de verano, cerrados y abandonados por que pasó la temporada. Los errores que cometí fueron “alarmantes”, diría un psicólogo. Perdí toda habilidad para manipular un fotómetro de mano (mi fotómetro Minolta de toda la vida!). Es más, no sabía muy bien cómo y qué medir para que diera la exposición correcta. La luz del atardecer se me iba y yo luchando con el trípode. Luego, hay que acordarse que la Rollei tiene un seguro en el dispardor.; hay que desactivar el seguro, media vuelta a la manivela, mirar al revés, tener en cuenta el paralaje si estás muy cerca, igual no se ve casi nada en esos visores! Y para qué? para esperar una semana y rogar que algun maldito fotograma esté bien expuesto.

A la noche, después de la playa, después de la fallida excursión fotográfica, después de ver el video trucho de There will be blood (click aquí) (fantástica! gracias Emi) me quedaba a solas, leyendo la monumental Revelations (click aquí) de Diane Arbus. Y miraba sus fotos: las mejores, hechas con Rolleiflex y con una Mamilla C33 y hasta poco antes de morir con una Pentax 67. Cuánta belleza, horror, desesperanza, sensibilidad, amor, etc, etc, puede una fotógrafa contener en un mísero cuadrito de 6 x 6 cms en una fracción de segundo? Diane Arbus podía meter una enciclopedia, varios libros de poemas, algunas películas, experiencia inédita y de primera mano, además de traumas y miedos infantiles en solo un fotograma y rara vez repetía las tomas. Y por si esto fuera poco, logra en el espectador todo aquello que se propuso lograr y lo que no se propuso también.
A la mañana siguiente entonces, me voy a la playa con mi Lumix (que ya es una prolongación de mi mano, de mi mano parapléjica) e inspirado por la lectura de la noche anterior, me siento a “esperar” que la vida pase por delante de mi visor. Mientras, leo: “La vida no es ni fea ni hermosa; es original” (Italo Svevo) y lo leo en la maravillosa novela de Alfredo Brice Echenique “La vida exagerada de Martín Romaña” que me regaló Eulogia, que también es un amor de hija (la más chica) y además es dibujante talentosa (click aquí). Pero volviendo a la vida, cómo hace uno para estar a la par de la vida, que es original y no se pregunta por la belleza o por la fealdad?
Recuerdo mis fotos de la noche anterior (todavía no las revelé asi que confío en que el juego incontrolable de las casualidades fotográficas se ponga de mi lado aunque más no sea en dos, tres? imágenes), le sumo a mi perdida habilidad técnica la falta evidente, “alarmante” de originalidad y disparo mi digital ahi mismo, en la playa. Y qué logro? una de las fotos más convencionales de mi vida (casi tan convencional como una corbata convencional). Y para peor, la veo en el acto! en el super display de mi Lumix. Hice una cagada y puedo verla de inmediato. No tengo que esperar y hacerme ilusiones de que “algo que no ví puede salvar el rollo”. Y mi reflexión es esta: ¿yo qué hago? ¿Hago fotos, o miro fotos?. ¿Veo la vida, o vivo la vida?. Qué pregunta Diosito ayudame! Es cierto, si, si. En la playa de La barra en Punta del Este, no pasan los personajes de Arbus. Pero yo tampoco tengo su arrojo, ni su valentía, ni su maldita vocación, ni su locura (gracias Diosito otra vez), ni su mirada, claro.
¿Y la revolución tecnológica? ¿Me hizo un minusválido digitalizado? O es una excusa?. Pienso ahora en los años transcurridos fotografiando todos los dias; disparándole a cualquier cosa que se me cruzara por el camino. La calle, la calle era pura adrenalina; y más aún, si estaba encerrado en la calle, mejor! Los subtes, los colectivos, los ascensores, los aviones. Lugares de dónde uno no puede rajar después de hacer la foto (click aquí). Pues ya no me interesa tanto como antes. Y ahora qué? Ahora tengo que atreverme y mirar detenidamente. Mirar antes y no después. Preguntar y conocer. Hacer click en el momento justo que no es preciso hacerlo, cuando las reglas se desarreglan, descubrirlo y revelar el rollo, o mirar el display, o lo que venga después. Pero mirar, morir mirando, que no estamos aqui por mucho tiempo, como dijo Walker Evans ya viejito, estragado por el tabaco, escupiendo Polaroids sin parar, y aquí si, el último click por favor.


La mala: Polaroid anunció hoy que dejará de fabricar film para sus famosas cámaras a fines del 2009. Las cámaras ya no se fabrican desde hace un año. Recuerdo que cuando las primeras 



