¿Puede una cabellera admirada por muchos, ofrecerse en sacrificio a Afrodita, con el deseo de que el amado vuelva? ¿Puede una peluquería llamarse “Las Ondas Bonitas” o “La Lana Loca”? ¿Morirá Arminda Lopez, picada por una araña escondida en su rodete?
Si. Todo esto puede pasar y también que desees un imponente afro cuando, y a pesar de, haber nacido con el pelo lacio y rubio; decidir darlo todo para recuperar un pelo que se pierde y desaparece, corre por las cañerías de una ciudad.
¿Y si te amara tanto que tu pelo perfumado fuera para mí embriaguez amorosa, un negro océano, cielo inmenso? ¿Enloquecería un hombre enamorado de una trenza? Robarle el pelo a los muertos, tener una niña pelo tan largo como tres cuadras….
Desde la famosa por freak de circo,“mujer barbuda”, hasta el pelado. Una raza extraña de perro mexicano, sin pelo o la moda, poco europea, de la depilación total y definitiva.
Mi madre hace muchos años tuvo una peluquería. Estaba en la parte de atrás de mi casa y recuerdo batidos, ruleros, espejos y un secador de pie color naranja. Era un plato volador. Muchas veces yo fui una niña ayudante y alcanzaba, parada a un lado de mi madre, todo lo necesario para armar un buen peinado, generalmente en alto, muy en alto.
Todas pasaban siempre por el secador y allí se quedaban, mudas, un buen rato. Cuando mamá detenía “la máquina” y “abría la compuerta” podían salir y volvían a la carga con la charla. Una peluquería de damas. Peinados Mary.
Para encontrar historias de peinados raros, gustos y disgustos por un buen o mal corte, obsesiones y símbolos, les recomiendo la lectura de:
Julio Cortázar, “Pérdida y recuperación del pelo”.
Silvina Ocampo, “La boda”.
Guy de Maupassant, “La cabellera”.
Rynosuke Akutagawa, “Rashomon”.
Charles Baudelaire, “La cabellera”.
Alan Pauls, “Historia del pelo”.
Elsa Bornemann, “Una trenza tan larga…”
Calímaco, “La cabellera de Berenice”.
Entonces todo puede pasar, por lo menos esto es así en la literatura.
NOTA: Las fotos que ilustran este texto de Alicia Vandamme, son de Irina Werning. Para ver todas las imágenes, hace click aquí
“Me siento impresionado contemplando cualquier lugar. Al tiempo que pretendo imitarlo fielmente, no pierdo ni un instante la emoción que me ha embargado. Lo real es una parte del arte; el sentimiento la completa [...]”. Camille Corot.
“El arte imita a la naturaleza”, alguien dijo hace mucho tiempo. Aunque parece que el arte ya no la necesita para ser considerado como tal. Desde que no es necesaria una referencia a lo real, la libertad para crear no tiene límites. La fotografía es una técnica que necesita de la existencia de un objeto. Tengo que fotografiar “algo” para lograr una imagen. Ese resultado es siempre un documento. Cualquier manipulación posterior tendrá el grave escollo de superar esta “marca inicial” que logra la fotografía.
“El lápiz que dibuja con luz” es otra frase. Toda una definición que sigue vigente en la obra de muchos fotógrafos. Y asi como la pintura, por ejemplo, ya no necesita de un referente visual, la fotografía no tiene por que atarse a la pintura para encontrar los recursos técnicos, la estética y los temas que le permitan alcanzar la categoria de arte.
¿Y qué pasa cuando los fotógrafos imitan a los fotógrafos? (hacé click aquí). “Homenajes” dicen algunos con ironía. Yo prefiero poner a la imitación en el lugar que se merece: una herramienta para el aprendizaje (hacé click aquí), una manera de poner a prueba la vocación. El punto de partida para crear algo nuevo.
Anoche fuimos a la inaugaración de la segunda parte de Bicentenario: Imágenes Paralelas. Está buenísima chicos, y además puede ser un buen punto de referencia para la discusión que estamos teniendo en el blog de LN con respecto a la relación entre pintura y fotografía. Algo hablamos el lunes pasado. Cuando ya todo el mundo se retiraba… por la falta de bebidas! Nos fuimos con Sebastián Szyd a cenar a la casa de Julieta Escardó. Allí se armó esta charla de sobremesa que les cuelgo arriba. Además de Juli, Sebas y yo mismo, respondieron Bob Lightowell y Mariana Eliano.Hagamos la prueba: ¿quiénes son sus 5 fotógrafos preferidos?
Esta es la familia Fields. Es poco lo que se sabe de esta foto. Bud Fields aparece sin camisa, con un pañuelo sobre su cuello. La chica a la izquierda, sosteniedo un bebé en su brazos es su nuera. A la derecha de la foto, su suegra es la única que calza zapatos. Todos miran a la cámara. Se muestran tal cual son. Están sucios, en el dormitorio de la pequeña y primitiva cabaña que habitan. Una familia de cosechadores de algodón en Alabama en los años treinta. La niña entre las piernas de Bud Fields tiene un gesto grotesco. A su derecha, la chica más grande tiene una actitud más consciente, timidamente aferrada al hierro de la cama. En el piso, debajo de la pata de la cama, un gato raquítico, una sombra casi indefinida. En la pared del fondo, un grupo de fotos familiares que no logro distinguir, ¿la huella de un pasado mejor?. La imagen es intrigante. ¿Por que posan de esa manera?
Una de las principales fotos del Album de Alabama, tal vez el mayor trabajo documental de la historia de la fotografía. Evans dispuso una secuencia de las tres familias fotografiadas. Los Burroughs, Los Tingles y Los Fieldeses, más un capítulo final donde presentó los barrios rurales de los montes Apalaches. Por primera vez, un album de fotos, un libro finalmente, se convierte en una secuencia de imágenes que forman un todo indivisible. Una narración visual donde la mirada del observador -el fotógrafo- no se muestra si no en la desapegada descripción de sus protagonistas.