
La vida del cuerpo es una historia signada por la fragilidad. Al comienzo y al final es cuando esa sensación se agudiza, es palpable casi. La mollerita del bebé! Las piernas del anciano que ya no pueden soportar ni el peso del esqueleto. Los cuerpos humanos son los sofisticados instrumentos que usamos …hasta que el CUERPO DICE BASTA. Luego de ese momento, si tenemos suerte, nuestros preciados envases podrán servir como piezas de experimentación en una clase de medicina, o sujetos de una fotografía de Joel Peter Witkin! (abajo). O si acaso fuimos previsores, alguno de nuestros órganos servirá para continuar la vida de otros cuerpos.

Los cuerpos han sido la obsesión para Francis Bacon (al comienzo de este comentario). Cuerpos manipulados. Una exploración que no reconoce palabras. La búsqueda de Eugene Richards, fotografiando el paulatino deterioro de su esposa, víctima de un cáncer de mama, fue un testimonio. Un trazo grueso que sobrevivió al olvido y todavía sigue dando lecciones.

Pero la sola descripción dela belleza del cuerpo (ver Weston, abajo)no basta para uno de los grandes temas que el taller de este año comenzará a desarrollar. Todos somos modificados en el transcurso del tiempo. Sumamos cicatrices. El trabajo modifica al cuerpo. Las cirugías, el deporte, los accidentes, los embarazos. ¿Y si estamos hablando de cuerpos manipulados? ¿cuál es la transcripción visual adecuada? NO hay que complicarse, pero hay que “ponerle el cuerpo” al tema. “Fotografiar conscientemente”, eso decia Walker Evans. Por ahora estamos probando. La semana que viene empezamos en serio.


¿Qué puede esperarse de una muestra de mil fotografías?. Mil fotos…! Me voy a pasar el día entero y seguro que me duermo de aburrimiento antes de llegar a la número cien. Mejor sería leer mil palabras. Son dos carillas nomás. ¿Cuánto espacio pueden ocupar mil fotos?
La curiosidad pudo más y me fui con Miwa, de Dashwood Bookstore, hasta la galería David Zwirner en Chelsea. Un espacio muy amplio, blanco, con doble fuente de iluminación. Silencio, mucho silencio. Y uno empieza a ver las fotitos polaroid de diCorcia de izquierda a derecha. Es gracioso, por que el centro del salón podrían utilizarlo para otro evento. En cuanto empieza la “lectura” los visitantes se quedan prendidos a no menos de veinte centímetros de las fotos. Y ya no hay otra cosa para ver que seguir la cautivante secuencia de las imágenes.

Las polaroids siempre son atractivas, invitan a acercarse, el color es extraño. Pero en estas fotos se puede ver lo que habitualmente no se ve del trabajo de un fotógrafo como diCorcia. Muestra la cocina de sus mejores libros y muestras, pero alternada con su vida personal, sus hijos, su ex mujer, sus padres. Un album de familia en una sola línea,. Pero llena de sorpresas! Imágenes que se reiteran sutilmente alteradas, paisajes vistos como desde la ventanilla de un tren. La cronología no existe en este relato. Más que una muestra de fotos, este trabajo es una novela de no ficción. Escrita con testimonios visuales palpables. Una tarea imposible para un escritor. Di Corcia reinventa el género, escribe un líbro de mil páginas sin tapas, sin lomo, sin palabras.

Foto de Eduardo Carrera
Escriba de una forma que llame la atención del lector sobre el sentido y la sustancia de lo que escribe, y no sobre el estado de ánimo y el temperamento del autor. Si la escritura es sólida y buena, el estado de ánimo y el temperamento del escritor se revelará finalmente y no a expensas del texto. Por lo tanto el primer consejo es este: para alcanzar un estilo empiece por no tener ninguno, vale decir ubíquese en el fondo. Un escritor cuidadoso y honesto no tiene que preocuparse por el estilo. Mientras se va haciendo habilidoso en el uso del lenguaje, su estilo emergerá, y cuando esto suceda encontrará cada vez más fácil atravesar las barreras que lo separan de otras mentes, de otros corazones -que es por supuesto el propósito de escribir, así como también su principal recompensa.
The Elements of Style. William Strunk Jr. and E.B. White. Allyn & Bacon. Boston

Leibovitz por John Keatley
¿Y si damos la vuelta y vemos qué hay detrás de una fotografía? Ahora es medio difícil porque ya no se imprimen en papel tanto como antes. No tiene gracia andar mirando por atrás del monitor. Ya sabemos lo que vamos a encontrar: algunos cables y un poco de polvo. Pero si buscamos esas fotos que tenemos en papel les recomiendo el ejercicio: la dan vuelta y miran qué hay. Si la foto es viejita, posiblemente encuentren alguna inscripción. Datos, fechas, dedicatorias. Tal vez el pegote con los restos de la cartulina del álbum de donde fue arrancada en algún momento.
Mientras miro las fotos que el grupo 2009 del taller empieza a subir al sitio, me pregunto otra vez: ¿qué hay detrás de una fotografía?. Según cómo se quiera interpretar la pregunta, será la respuesta. Detrás de una foto no hay nada. Pero al mismo tiempo, es el reverso de las apariencias que toma de la realidad. Ese reverso es blanco, en el mejor de los casos. Siempre es un enigma.

John Lenon y Yoko Ono, 1980
No hay conclusiones posibles. Siempre son provisorias, cambian en el preciso instante en que se formulan. Annie Leibovitz divide a su trabajo entre las fotos “espontáneas” y las fotos “conceptuales”. Nada más. Sabe además que cuando está haciendo una foto “espontánea” tiene que tener bien presente la posibilidad de escenificar quizás algún aspecto de lo que ve para lograr un resultado más veraz, o más ficcional, o más emotivo. O las tres cosas. Y cuando está frente a una toma planeada hasta el último detalle, deja la puerta abierta para reaccionar en el momento preciso en el que la escena se “desarma” y se transforma en otra cosa.

Women
La foto de una cama en un cuarto vacio, es un dato visual de su apariencia. Si esa foto la ponemos junto a otra donde aparece un inodoro visto desde arriba, inmediatamente la visión de la cama en el cuarto cambiará su signo. Su apariencia se transforma en nuestra mente.
En todo caso, tomar fotografías es como acordar una cita en un parque. El lugar puede ser un rectángulo grande y agradable, suceden cosas, la gente de paseo, los niños, el paisaje limitado. Tenemos que encontrar al amigo, a la enamorada, al hijo, al que sea. Pero vamos a tardar un rato porque no existe la posibilidad de fijar previamente un punto claro de encuentro. Esa condición extraña y caprichosa es la que nos genera incertidumbre, deseo, miedo. Esa es la esencia de la fotografía.