Una cita en el parque

Leibovitz por John Keatley
¿Y si damos la vuelta y vemos qué hay detrás de una fotografÃa? Ahora es medio difÃcil porque ya no se imprimen en papel tanto como antes. No tiene gracia andar mirando por atrás del monitor. Ya sabemos lo que vamos a encontrar: algunos cables y un poco de polvo. Pero si buscamos esas fotos que tenemos en papel les recomiendo el ejercicio: la dan vuelta y miran qué hay. Si la foto es viejita, posiblemente encuentren alguna inscripción. Datos, fechas, dedicatorias. Tal vez el pegote con los restos de la cartulina del álbum de donde fue arrancada en algún momento.
Mientras miro las fotos que el grupo 2009 del taller empieza a subir al sitio, me pregunto otra vez: ¿qué hay detrás de una fotografÃa?. Según cómo se quiera interpretar la pregunta, será la respuesta. Detrás de una foto no hay nada. Pero al mismo tiempo, es el reverso de las apariencias que toma de la realidad. Ese reverso es blanco, en el mejor de los casos. Siempre es un enigma.

No hay conclusiones posibles. Siempre son provisorias, cambian en el preciso instante en que se formulan. Annie Leibovitz divide a su trabajo entre las fotos “espontáneas” y las fotos “conceptuales”. Nada más. Sabe además que cuando está haciendo una foto “espontánea” tiene que tener bien presente la posibilidad de escenificar quizás algún aspecto de lo que ve para lograr un resultado más veraz, o más ficcional, o más emotivo. O las tres cosas. Y cuando está frente a una toma planeada hasta el último detalle, deja la puerta abierta para reaccionar en el momento preciso en el que la escena se “desarma” y se transforma en otra cosa.

La foto de una cama en un cuarto vacio, es un dato visual de su apariencia. Si esa foto la ponemos junto a otra donde aparece un inodoro visto desde arriba, inmediatamente la visión de la cama en el cuarto cambiará su signo. Su apariencia se transforma en nuestra mente.
En todo caso, tomar fotografÃas es como acordar una cita en un parque. El lugar puede ser un rectángulo grande y agradable, suceden cosas, la gente de paseo, los niños, el paisaje limitado. Tenemos que encontrar al amigo, a la enamorada, al hijo, al que sea. Pero vamos a tardar un rato porque no existe la posibilidad de fijar previamente un punto claro de encuentro. Esa condición extraña y caprichosa es la que nos genera incertidumbre, deseo, miedo. Esa es la esencia de la fotografÃa.






